Carmen Laforet y Elena Fortún. De corazón y alma.

Carmen Laforet y Elena Fortún. De corazón y alma (1947-1952)

Editado por la Fundación Banco Santander es la  correspondencia entre dos escritoras excepcionales. 46 cartas en busca del sentido de la vida, cartas literarias, espirituales, cartas de amor…

De Corazón y Alma

Carmen Laforet, la autora de NADA, tenía 7 años cuando “empezó a amar” a Elena Fortún a través de su personaje Celia, que se publicaba en Blanco y Negro.

Carmen Laforet

En 1947, luego de haber ganado el premio Nadal. Laforet le escribe por primera vez a Encarnación Aragoneses, que así se llamaba en realidad Elena Fortún, una mujer republicana, culta, madre de cuatro hijos, que vivía entonces su exilio en Buenos Aires y trabajaba en la Biblioteca de la capital.

Al contrario que Carmen Laforet, que a los 23 años obtuvo el premio Nadal por Nada, Fortún fue una escritora tardía.

Carmen Laforet y Elena Fortún necesitaban describir la realidad descarnada de una España convulsa; en el caso de Laforet, la sórdida realidad de la Barcelona de postguerra, en el caso de Fortún, los desastres de la guerra mirados sin pasión partidista, como en Celia en la revolución”, recientemente reeditada.

En el  prólogo, Cristina Cerezales Laforet cuenta cómo le llegaron estas cartas, es casi un relato policíaco. Porque a partir de aquel día en que Loli Viudes, amiga de su madre, le entregó las cartas de Elena Fortún, empezó la búsqueda rocambolesca de la otra parte de la historia: las cartas que su madre había dirigido a la creadora de Celia. Cuenta Cerezales, que leía una y otra vez las cartas de Fortún y que en ellas encontraba siempre “el eco de la voz de mi madre en un momento de plenitud de su vida, y también de amor y de entrega”. Había muchas pistas en las cartas de Elena Fortún para encontrar las cartas de su madre. Una de ellas era clave: “Si tardas en saber de mi -escribía Fortún a Laforet, ya desde el hospital barcelonés, donde murió, trata de ponerte en comunicación con Carolina Regidor de Durán, pues a ella llamarán si me ocurre algo… Cuando me muera, pídele a Carolina tus cartas, que guardo todas en un sobre…”

los mil sueños de Elena Fortún

El asunto se complicó porque Carolina Regidor murió justo el día anterior a la cita en la que iba a entregarle las cartas. El azar quiso, sin embargo, que Cristina Cerezales, en su búsqueda, encontrara el libro de Marisol Dorao, “Los mil sueños de Elena Fortún”, y que en la fotografía de portada apareciera el escritorio de Elena Fortún, en el que se veía un sobre que ponía “Cartas de Carmen Laforet, para entregarle a ella después de mi muerte”. A partír de ahí, todo fue fácil, aunque hayan pasado ya más de cinco años.

Su primer encuentro personal se produjo en 1948, con motivo del primer viaje de Elena Fortún a España desde la guerra. Su marido se suicidó ese año y se encontraba ya muy enferma, pero nunca faltó a su cita epistolar con su amiga, ni en su lecho de muerte.

 

Fortún mantuvo una relación amorosa con la grafóloga Matilde Ras (que queda plasmada en el reciente libro “El camino es nuestro”)  y en sus cartas a Laforet muestra una inclinación que sobrepasa la de una amistad común y corriente.

Elena Fortún

Dice Nuria Cadevila-Argüelles, catedrática de Estudios Hispánicos y de Género en la Universidad de Exeter (Gran Bretaña): “Me parece fundamental reflexionar sobre los dos puntos vitales que vemos reflejados en este libro. Tenemos por un lado a Elena Fortún, una escritora, que más que al final de su vida está al final de su autoría y una escritora que comienza. La Carmen Laforet que está escribiendo aquí no es esa autora que es importante para el hispanismo internacional, si no que es una joven madre y  también una joven escritora que está intentando “conciliar” esos primeros tiempos de vida de casada y también de vida profesional. Y, a la vez, tenemos a una Elena Fortún que escribe estas cartas mientras agoniza, con el deseo pleno de que Carmen “Su Carmen” tenga una vida más plena de lo que ha sido la suya propia. A pesar de esto hay un tono alegre, un territorio propio de estas mujeres. Hay muchísimo amor en estas cartas. En este libro hay un “nosotras” que hace referencia a un mundo de mujeres que tenemos que descubrir.”

Aquí dejamos el fragmento de una carta que escribe Carmen el 1 de Enero de 1952:

“Elena mía, no te preocupes de mí más que para pensar que me has hecho bien siempre. Desde que yo era una niña a quien tú no conocías y que vivía muy lejos de ti pero que en tus cuentos maravillosos aprendía sencillez, belleza, gracia y adivinaba detrás de aquello un alma, la tuya, llena de cosas extraordinarias. Adivinaba yo tu generosidad, tu comprensión, tu capacidad de cariño…Y claro es, yo no analizaba nada de eso pero te quería, te hablaba desde niña y siempre me acompañaste en mi soledad.”

Compartimos la presentación del libro que se hizo en el Instituto Cervantes de Madrid:

 

También compartimos la presentación de los libros “Celia Institutriz” y “Mila y Piolín” de Elena Fortún

 

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